YO SIENTO...

Captura_de_pantalla_2012-04-11_a_las_10.09.28.pngYo siento rabia, me enojo cuando no me dejan ir a la casa de mi amigo, cuando me mandan a acostar temprano y no puedo ver TV. Me dan ganas de gritar y tirar todo cuando mi mama no me entiende y me reta delante de mis amigos, ¡Que injusto!, a ella no le gustaría que yo le gritara delante de sus amigas. A veces siento que tengo un volcán en mi guata que va a explotar. La cara se me pone roja y el corazón se me pone rápido, rápido, como si se fuera a salir. No puedo pensar bien, solo tengo ganas de salir corriendo.

Yo me pongo nervioso a veces, cuando tengo que hablar delante de mi curso de un trabajo o dar un recado. Las manos me transpiran, y me dan ganas de ir al baño. Mi voz, no sé que le pasa, como que le hubiera bajado el volumen y las palabras me salen atropelladas. A veces tengo todo súper ensayado, pero no me resulta. El otro día hasta tuve que ir a la enfermería porque me dolía la guata, me dieron un remedio, pero no se me pasó.
Yo tengo pena. Estoy triste porque mi mejor amiga se enojó conmigo y no me invitó a su cumpleaños. Le pasó las invitaciones a todas las amigas en el recreo y a mi no. Trate de que no se me notara, y me fui a llorar al baño. No pude dormir anoche, me acordaba y me daban ganas de llorar. Incluso no quería ir al colegio porque todas iban a estar hablando de eso... me da pena.

Yo me siento solo. Tengo un curso grande, de 30 compañeros, pero nadie me habla. También a mi me cuesta decir cosas. Me siento adelante, al lado de la pared, para que no me obliguen a hablar en la clase. Me gustaría tener un amigo para estar en los recreos. La Miss me dice que trate de hablarle a alguno, pero no me resulta, siempre van corriendo rápido y no alcanzo.

Yo estoy feliz. De repente me miro al espejo en el baño y sonrío sin parar. Es que me avisaron que me voy de vacaciones a mi lugar favorito y más encima ¡puedo invitar una amiga! ¡No paro de pensar en eso! Ando contenta, hasta canto en los pasillos y lo único que quiero es que pasen luego las semanas para que lleguen las vacaciones. Cuando me acuerdo de las vacaciones del año pasado, el corazón se me acelera y me dan ganas de gritar.

Yo estoy asustado. Mis papas hablaron conmigo que nos íbamos a cambiar de colegio porque nos vamos a vivir a otra ciudad. No sé cómo va a ser el nuevo colegio, me da miedo que no hayan compañeros simpáticos, yo creo que nunca voy a encontrar amigos como los que tengo. ¿Será difícil este colegio? Quizás tengo compañeras mujeres ¡puaj! No le he contado a nadie todavía, pero pienso todo el día en eso. En las pruebas me ha ido mal, contesto puras tonteras.

Los niños sienten, eso es una realidad. Sin embargo, que difícil es para nosotros los padres descifrar esos sentimientos y ayudarlos a expresarlos. Muchas veces nos sorprendemos reprimiendo las emociones que nos producen más problema, como la rabia, el miedo, el nerviosismo. Nos escuchamos decir una y otra vez “No te enojes, qué rabioso”, “No te pongas nervioso, si no pasa nada”.

Dar permiso para sentir a los hijos y empezar a ayudar a reconocer emociones y a expresarlas, es una tremenda enseñanza que podemos dejar a nuestros hijos. Un niño que reconoce lo que siente, tiene un recurso muy grande para las adversidades que pueda enfrentar en la vida y las relaciones que establezca. Es un factor protector muy sano que le va a permitir conocerse mejor y de esa manera, comunicarse de manera asertiva y honesta.

Para llegar a eso, tenemos que tratar de no juzgar las emociones que sienten. No está mal sentir algo, lo que puede estar mal es la manera de expresarlo, pero no la emoción en sí. Si yo transmito a mi hijo que está mal sentir rabia, quizás sin darme cuenta le estoy transmitiendo la idea de que se guarde la rabia para si, sin saber de qué manera se va a expresar en el futuro (ulceras, insomnio, sentimiento de inferioridad). Las emociones salen por alguna parte, por lo que es importante buscar juntos una manera que alivie al niño y que no dañe a los demás, ni a si mismo, ni al entorno físico que lo rodea.

Me gustaría detenerme en la rabia. ¿Por qué? Porque es una emoción muy poderosa, que usamos a veces para encubrir otras emociones. La rabia es potente y a veces nos presta una ayuda para expresar impotencia, sentimientos de inferioridad, vergüenza, a veces nerviosismo. Disfraza muy bien otras emociones que son consideradas mas débiles en nuestra cultura y por eso aparece tan a menudo.

Rabia no es lo mismo que violencia. La rabia es buena, sana, la necesitamos para protegernos del peligro y para motivarnos. Es energía. La adecuada expresión de la rabia es sana. Sin embargo, necesitamos aprender las palabras para expresarla adecuadamente, aprender que es lo que la detona, para poder manejar la rabia mejor. La violencia, por el contrario, no es buena, daña a otros, pasa a llevar sus derechos y no nos conduce a nada positivo.

Como padres, tenemos la tarea de ir reflejando a nuestros hijos las emociones que creemos van sintiendo, hablarles de lo que nosotros sentimos en determinadas situaciones y de esa manera explorar con ellos que maneras son sanas y seguras para expresar lo que sienten. Frases como “Suena como que estás muy enojado” “Te ves furioso”. “¿Quieres contarme algo al respecto?”, “Cuéntame un poco más”, ayudan a generar una conversación abierta, que aliente al niño a hablar de lo que le pasa y ponerle nombre a lo que siente. Es vital tener en cuenta que los niños, como los adultos, no escuchan muy bien cuando están muy enrabiados, por lo que vale la pena esperar hasta que se calmen para poder conversar.

En la educación para las emociones, somos modelos a seguir. Los niños aprenden más de lo que los adultos hacen, que de lo que los adultos dicen. Si uno como padre pierde el control, los niños aprenden a perder el control. Si nos ven reaccionar agresivamente con quien nos atiende en el supermercado, estamos modelando una manera de resolver conflictos interpersonales.

Vale la pena invertir y sembrar desde que nuestros hijos son chicos en un lenguaje emocional que les permita ponerle nombre a lo que les pasa, y buscar formas seguras de expresar lo que sienten. Es prevenir y construir los cimientos de una casa firme, capaz de tolerar huracanes y reafirmarse a través de ayuda de otros.

Josefina Larrain
Psicóloga Clínica UC.

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